Las redes sociales han cambiado algo fundamental en la relación entre escritores y lectores: han eliminado la distancia. Antes, un escritor era una figura más o menos misteriosa que aparecía en las solapas de los libros y en las entrevistas de los suplementos culturales. Ahora puede estar en tu teléfono, en tiempo real, hablando de lo que está desayunando.
Eso tiene consecuencias interesantes y también consecuencias problemáticas. La cercanía puede ser genuina o puede ser una performance. La visibilidad ayuda, pero también distrae. Y la presión de producir contenido constantemente puede estar en conflicto con la lentitud que requiere escribir bien.
Mi relación con Instagram
Uso Instagram principalmente como diario público: presento libros, comparto reflexiones, documento eventos. No lo uso para construir una marca —aunque supongo que eso también ocurre sin quererlo—. Lo uso porque me gusta la conversación que genera y porque conecta con lectores que de otra manera no llegarían a mis libros.